GUÁCALA:
UN PRESIDENTE AFRO
¡No hay derecho, caray!
De
dónde
acá un país dizque desarrollado
queda en manos de alguien
así,
en vez de estar en manos de gente bien, como los del Tea Party.
Definitivamente
la decadencia de Estados Unidos es cada vez más preocupante. No de
otra manera se explica que tengan hace casi tres años un presidente negro, como cualquier
Haití, sino que además estén a punto de reelegir a semejante badulaque. Nosotros por ejemplo,
siempre hemos tenido presidentes con presencia (incluso
Ernesto Samper, cuyo único problema fueron unos kilitos de más).
En general, los presidentes de nuestra historia reciente no sólo
han tenido una elegancia a prueba de balas, sino que tienen piel normal,
blanquita, y hasta ojos claritos, como el doctor Álvaro Uribe;
mejor dicho: como debe ser, caray.
Pero el de la raza
no es el único
problema del nuevo presidente gringo. ¡Qué tal ese nombrecito!
De dónde acá los
americanos se dejan obnubilar por alguien llamado Barack
Hussein Obama, que ni bautizado debe ser... ¡Háganme el
bendito favor! Y que tal los nombres de las chinas. Qué lobería
tan espantosa; o como diría mi amigo Alberto Casas: qué cosa
tan frondia, ala. Qué pesar de la Casa Blanca, tan bonita que
se habría visto
con la familia McCain.
Además de todo, Obama es un provinciano, proveniente de una familia disfuncional. La mamá era una señora que tenía que ser muy díscola, para tener un hijo con un señor africano. Yo no me explico por qué los gringos no eligen siempre candidatos que provengan de familias ejemplares y católicas, como los Kennedy. O, en último caso, como los Bush.
Y aparte de esos cuestionables antecedentes familiares, su experiencia política era nula y así ha quedado demostrado desde que asumió la presidencia. Por eso no sabe comprar
conciencias; es pro Derechos Humanos; no sabe violar constituciones;
cree que hay que respetar las otras ramas del poder público;
no tiene idea de lo útil
que es una Convivir; respalda a los sindicatos; ignora
qué es clientelismo; no conoce los poderes sanadores de la corrupción; es incapaz de echar madrazos
y no sabe chuzar periodistas. En otras palabras: carece
de todas esas cualidades que distinguen a un buen político como
mi ex presidente Uribe.
Y en el plano internacional Obama tampoco sabe dónde está parado. ¿Cómo es posible que no haya invadido Irán, que tiene un presidente con una pinta espantosa? ¿Qué respetabilidad puede tener un tipo que no es capaz de sacar adelante un pinche tratado de libre comercio con países amigos como Colombia, Corea y Panamá? Pero, eso sí, le sigue comprando petróleo a Venezuela, como si ese país no fuera un refugio de terroristas.
Lo peor de todo es que el caso de Obama sólo ha servido para alborotar a
gente como Piedad Córdoba,
que hasta guerrillera será, y sólo piensa en sus ambiciones presidenciales.
En una democracia decente la gente de bien debe escoger gente de bien para
que gobierne; y no seguir el ejemplo de esos paisitos de quinta que eligen presidentes
mulatos, como Ollanta Humala, o indios de veras, como el tal Evo ese, que no sabe ni vestirse
con el decoro y la distinción que corresponde. Hay que ver lo elegante que se vestía mi presidente Uribe en las recepciones oficiales.
¡Se me olvidaba! Si Obama aplicara la exitosa experiencia en seguridad democrática de Juan
Manuel Santos, cuando era ministro de Defensa, no tendría necesidad de cerrar
la cárcel de Guantánamo.